Cuando muere el Dictador: Manuel Antonio Noriega

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Alegrarse con la muerte de alguien es de miserables. Dicho esto paso a declarar lo siguiente: de la época de Noriega no recuerdo nada bueno, en lo absoluto. Mi memoria me traslada como un rayo a mi niñez y adolescencia, básicamente nací con los militares en el poder y fue así hasta que cumplí 18 años y fue la invasión de Estados Unidos a Panamá. De modo que durante todo ese tiempo eso fue lo que conocí, aún en mi cerebro tengo clavados dardos de miedo y dolor tan profundos, que todavía al escuchar un helicóptero me pongo a temblar de miedo.

Todos recordamos el lugar exacto donde estabamos cuando nos invadieron buscando al llamado “hombre fuerte de Panamá” y como luego de mucho terror y muertos no lo encontraron y no fue hasta que él mismo se entregó, de la forma más cinematográfica del mundo, que pudimos respirar. Quedamos con un país desolado, tembloroso y cojo, mirando por un huequito el futuro incierto, pensando que nos tomaría toda una vida ponernos de pie. Pero lo hicimos y mucho más rápido de lo que la opinión pública internacional imaginaba.

¿Cómo un solo hombre logró doblegar y luego empoderar a todo un pueblo? ¿Cómo este hombre pudo sembrar tanto dolor e incertidumbre? ¿Qué hay en la mente de los dictadores cuando ven a su gente sufrir? ¿Por qué llegan a embriagarse con el poder de tal forma que pierden la humanidad? No lo sé y quizá nunca lo sabremos.

Una vez iba en el carro con mi mamá y la señora que nos ayudaba en la casa, por la Iglesia del Carmen y unos militares armados hasta los dientes y con las caras pintadas de negro nos pararon, nosotras quedamos pálidas, con el terror dibujado en los ojos, nos detuvieron porque en la antena del carro estaba amarrado un pañuelo blanco, típico al que se usaba en ese tiempo contra el régimen y por parte de lo que ellos llamaban “sediciosos”. Al parecer mi hermano, que tenía 12 años, lo había puesto allí. En fin, nos llevaron al cuartel central del Chorrillo con muchas otras personas más y nos encerraron a todos en un gran cuarto, yo me iba a morir del miedo y mi mamá y la señora aún más. Vimos como a otro señor, uno de los militares le ponía una bala en su bolsillo y acto seguido le preguntaba que por qué tenía una bala allí. Dios, y le pegaron mucho antes de llevarselo, gritabamos en silencio, pasaron horas hasta que por alguna cósmica razón nos liberaron solo a mi mamá y a mi, a la señora no la dejaron salir…y con el corazón roto la dejamos allí. Al salir solo recuerdo la sensación de libertad, como no teníamos el carro corrimos por la calle hasta encontrar un taxi. Esta es una de miles de historias, cada uno con la suya.

Con la muerte del ex General Manuel Antonio Noriega se cierra una época oscura, rara, maldita que NUNCA debemos olvidar y mucho menos repetir. Se llevará sus secretos tan lejos como tenga que llegar y con él una palabra que no quiero volver a escuchar por aquí: Dictador.

 

Sobre Cibeles De Freitas

Cibeles De Freitas, amiga de todos, reconocida relacionista pública, gran comunicadora y amante de las redes sociales en Panamá.

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