la-zapatilla

El brazo sudoroso y brillante de mi compañero de asiento me rozaba continuamente, me obligaba a estar sentado al borde del vinil verde que cubría malamente el pedazo de colchón que salía de la silla. Ridículo el asco, ¿no?, aún más en esta surrealista circunstancia. Y allí estaba yo, acompañado por una veintena de apesadumbrados seres humanos, con mi camiseta blanca sin mangas, de maleante dice mi mamá, pegada a este cuerpo polvoriento y salado.

Cada vez que el bus temblaba al caer en uno de los muchos huecos de la calle, yo apretaba mis piernas aprisionando el cartucho lleno que yacía a mis pies. Realmente me sentía revuelto, entre el alma y el estómago, creyendo a ratos que me lo merecía.

Todavía podía sentir los empujones de mis vecinos. Rodrigo me gritaba que corriera y tomara lo bueno, pero que no fuera tan pesado; fui avanzando y apoyé mis dedos en la pantalla de un televisor, no podía moverme, miraba a todos salir arrastrando, cargando, empujando. Ojos desorbitados, gritos, desesperación, tan extraño entrar en la penumbra, aunque afuera era de día, en ese almacén, que tantas veces visité, siempre tan luminoso, tan pulcro, lleno de mil cosas que quería, pero no podía comprar.

Y este televisor …me prometí que poco a poco lo compraría; lo aboné con veinte palos y, según mis cálculos, tardaría 10 meses en terminar de pagarlo. ¡Cómo serían de diferentes nuestras vidas con ese televisor nuevo, y de colores! ¡Qué contenta se pondría mamá y el abuelo. Ya imagino las peleas que tendría con Tita cuando quisiéramos ver canales diferentes, los domingos con pintas, pescaíto frito y, chuzo, ver algo en nuestro televisor nuevo.

¡Camina!, gruñó alguien, empujando mi hombro. Volví a la realidad, tenía que aprovechar, ya no pagaría nada, total, los dueños de este lugar deben tener billete. ¿Qué es Kamagra? Ahora nos toca, la venganza no buscada del pobre.

Cargo el aparato, tengo que sacar fuerza, más fuerza, apenas logro salir. Todos corren, es una locura. Siento que me contagio. ¡Nos lo merecemos!, grita un padre mientras arrastra una nevera con su pequeña hija arriba del rectángulo blanco.

Veo a la familia Rivera completa. Los niños llevan ropa, los mayores betamax, más ropa y zapatos; uno carga un televisor como el mío, nos saludamos asustados y contentos, sensación de libertad absoluta. Trato de correr al “diablo rojo” que nos espera, pero me regreso. Decido llevarme algo de ropa, las tomo a lo loco, mi cerebro va pensando rápido: esto puede ser para Jaimito, esto para mí, en fin. Un tipo me tira una bolsa, intento meter esta bola de telas y tiemblo, ¿miedo?, qué sé yo, no puedo controlar el temblor, ahora sí tengo miedo, esto no está bien, no puede estar bien.

Igual cargo con el bulto y el televisor y corro. Corro, corro como todos, corro como animal. Un niño que se apresura a mi lado deja caer una zapatilla que coronaba un cerro de ropa, para en seco y mira, duda si seguir o devolverse a rescatar lo que obviamente era para él.

Yo sigo y solo volteo para ver al pequeño que decide seguir, dejando atrás la zapatilla. ¿Qué hará con la otra? me pregunto, y me sorprendo analizando esa tontería que nada tiene que ver conmigo y mucho menos en este caos.

¡No puedo más con este ruido de helicópteros sobrevolándolos! ¡ni con los tiros a lo lejos! Quiero estar en mi casa, …gran valiente…

Segundo nos apura con desaforados gritos y movimientos de manos. Dice que vienen los gringos, la Policía; dice que vienen, que viene alguien. Es un atropello horrible dentro del bus, todo nervios, todos gritamos, nos miramos desconfiados, protegemos nuestros ¿robos?

Arranca con la mayoría de pie, una señora tropieza y cae sobre mi bulto de ropa, a medida que avanzamos el silencio nos cae encima como cemento. Solo se escuchan respiraciones entrecortadas, ya pasó la euforia de contar qué logró llevarse cada uno. Veo a través de la ventana, a unos metros de uno de los almacenes, la lustrosa zapatilla blanca abandonada.

Sigo tratando de bajar los latidos de mi corazón, me siento extraño, contento con lo que llevo, tremenda sorpresota. Mamá no lo aprobará, pero se le va a pasar. Pero… ¿por qué me siento tan mal; por qué ahora me está pareciendo tonto todo esto? ¿Qué me pasa? Para poder comprar esta tele me iba a tomar un montón de tiempo, entre el trabajo de mierda de guardia de seguridad y los camarones cortando la hierba de los ricachones. Yo también quiero tener esas cosas rápido, ME LO MEREZCO. ¡Ey!, yo soy un buen tipo, quiero a mi familia y a mi novia. No siempre rezo, pero sí mando mis mensajitos al Señor de vez en cuando, a veces se me pasan los tragos pero a quién no… Pero qué!!!… ¡Me quemo! ¡Mi brazo! ¡Ay no, qué dolor tan horrible! ¡Qué carajo…!

¿Qué pasa? Y estos gritos, ¡y yo no veo nada!, estoy en el piso y no veo nada, me arde!!! ¡¿Qué pasa coño?! Tengo sangre y casi me puedo ver el hueso. Dios mío, no por favor. Lloro y alguien me levanta y me sienta, escucho y no escucho, me balearon. Dios, Dios no permitas que me muera, es mucha sangre, me duele ¡Dios!

En el impacto y la desorientación el bus paró, yo grito que arranquemos, que nos vayamos, Segundo prende la máquina y empezamos a andar, miro rápidamente por la ventana y alcanzo a ver un grupo de hombres frente a una calle, nos gritan que nos larguemos, que a ellos no les robaremos… cierro los ojos mientras nos alejamos y solo logro pensar en una solitaria zapatilla blanca.

Sobre Cibeles De Freitas

Cibeles De Freitas, amiga de todos, reconocida relacionista pública, gran comunicadora y amante de las redes sociales en Panamá.

Ya viste el canal oficial de Cibeles De Freitas en YouTube? Ver en YouTube