Las fiestas empresariales (auxilio!)

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3:15 a.m. El chico que saca fotocopias y el vicepresidente ejecutivo de la empresa están abrazados cantando a El Rey a todo grito. Empujan y les quitan los micrófonos a los pobres cantantes del grupo contratado para animar la fiesta. Los pobres integrantes de dicho grupo, sin una gota de alcohol en sus cuerpecitos, miran con pereza lo que tantas veces han visto en las fiestas de oficina: la mayoría borrachos desinhibidos como si fuera la última rumba antes del fin de mundo.

Algo pasa en las fiestas empresariales: hombres y mujeres, no importa edad, estado civil (aunque confesemos la verdad: algunos casados esperan con los dientes más afuera) ni cuál es el salario al llegar la quincena, todos esperan que anuncien la fecha con ansias. Claramente la más desenfrenada es la navideña. ¡Y cómo no!, si ya el mes de diciembre solito trae aroma a licor y sonido de parranda. Cuando llega el día, todos (así muchos prefieran morir degollados antes de aceptarlo) tienen en mente lo que quieren que pase en la celebración.

La secretaria de gerencia ya tiene el plan ultra estructurado de cómo, a la hora de la rifa de premios, los plasmas, el iPad y los viajes en crucero quedarán disimuladamente en manos de sus cercanas amigas. Las mismas que ya hicieron el simulacro de la cara de asombro que pondrán cuando su número salga ganador. Por allí me contaron de algunas más descaradas que al llegar la comida para el buffet y antes de que sea ubicado en su lugar, separan en platos primorosamente tapados con papel aluminio su ración para llevar a casa, digo ¡por algo trabajaron tanto para coordinar la comilona!, justo en su totalidad, ¿o no?.

Cuando va avanzando la noche empiezan a envalentonarse los que saben que tienen que sacar de su sistema la gran injusticia que cometió el malnacido de su jefe, al darle el aumento salarial al pendejo que nada sabe. Bajan los tequilas y sigilosamente empiezan a acercarse a su presa, el ingenuo jefe bebe tranquilo mientras conversa con los demás, cuando logra el cazador ubicarse en el grupo y empieza a descargar la artillería pesada y desvía el tema poco a poco al del trabajo, aunque hay resistencia de parte de todos: le dicen aguafiestas, que nadie quiere hablar de eso en plena fiesta, pero él insiste hasta quedar pegado al jefe, escupiéndole en la cara. El jefe trata de hacerse el que no oye con la música tan alta, pero qué va, la cantaleta no va a parar, “es que yo trabajo más que perencejo seño”, “si, claro que el también lo hace, pero yo lo hago mejor” y así se va hasta que empieza a tutearlo. “Juan no te hagas, que bien que sabes que ese tipo no sirve pa na”, y al pobre acosado no le queda otra que tomarse otro trago y aguantarlo…hasta que llaman a UBER y lo despachan para la casa.

Sin embargo los jefes, a veces, también acosan. Esperan pacientemente la fecha para caerle a la subalterna sexy, que corresponde la echada de ojo, y al primer merengue saltan: uno proponiendo y la otra aceptando. Aunque cada empleado está en su propia diversión, a nadie se le pasa detalle cialis generico de todo lo que está pasando a su alrededor. La crítica más común?, los malos bailarines son mengano y fulano, quienes no se han dado cuenta que el ritmo no es lambada.

El chico de las fotocopias está tan contento porque jamás se imagino que el señor gruñon que nunca da los buenos días podía ser tan cool!, ese señor, vicepresidente en horas laborables, no tiene idea de dónde salió ese enano tan divertido y ya le dijo que quiere que sea su asistente y que tempranito el lunes por favor le recuerde. Ni hablar de la señora tan seria de contabilidad ahora con la falda arremangada a media pierna haciendo, con un equilibrio impresionante, el baile de la botella en medio de un círculo que aplaude enardecido. Y por allá anda la recepcionista que tan recatada se veía en su uniforme, y ahora en ropa particular es una bomba tropical con un cuerpazo latino ardiente que tiene a los hombres como locos.

En lo que todos están de acuerdo es que estas fiestas deben ser ¡sin parejas!, no hay forma humana de interactuar con los compañeros si van las medias naranjas, eso si, los celulares no parar de sonar y solos, abandonados en las mesas, tiene a novios, esposos, esposas y novias al borde de un colapso.

Al día siguiente todo cambia (o más bien vuelve a la normalidad): el vicepresidente le pasa por al lado al chico de las fotocopias sin dignarse a darle una miradita; la de contabilidad quiere ser invisible mientras piensa “¿por qué tome tanto vodka???”; el aumento nunca llego y todos tienen un dolor de cabeza muy grande, jurando para sus adentros que el próximo año si se van a controlar. Los que no tomaron y fueron un poco más comedidos ríen para si.

La fiesta no estuvo aburrida y de hecho tuvo su momento serio: se hizo entrega de unos pines de plata, como reconocimiento a los más antiguos y productivos de la empresa. Pero todos se perdieron; quedaron abandonados en las mesas al ritmo de Pitbull y ahora yacen en el fondo de Cerro Patacón.

Sobre Cibeles De Freitas

Cibeles De Freitas, amiga de todos, reconocida relacionista pública, gran comunicadora y amante de las redes sociales en Panamá.

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