Ser diagnosticada con una enfermedad a los 15 años es simplemente devastador, no importa cual sea, a mi me sucedió.
En mi caso se dio en forma de unas pequeñas escamas en el cuero cabelludo, podía pasar por caspa pero a medida que me fueron saliendo más mi mamá me llevó al dermatólogo, luego de realizarme una biopsia vino el diagnostico: psoriasis. Nunca había escuchado hablar de ella, no conocía a nadie que la tuviera y mi mundo quedó paralizado cuando el doctor, sin ningún tipo de tacto, me dijo que era una enfermedad que no tenía cura, que tenía que vivir así. Realmente fue devastador y peor con el pasar del tiempo porque me empezó a salir por todo el cuerpo en forma de gotas, nada agradables y algunas dolorosas.
Pasé por todas las medicinas y tratamientos que puedan imaginar, casi ninguno me funcionaba, o lo hacían por un tiempo y luego dejaban de funcionar. A los 18 años me contratan en un canal de televisión como presentadora, un trabajo donde la imagen física tiene un peso muy grande, nunca le dije a nadie que tenía psoriasis, por años pude bandearme ocultando las lesiones con ropa, dependiendo que tan mal o bien estuviera en ese momento. Paralelamente a mi trabajo como presentadora inicié como ejecutiva de ventas en el mismo canal, una labor de mucho stress con metas de ventas y mucha presión, mi psoriasis empeoró, tenía que ocultar las marcas en mi piernas con dos o tres pares de «pantyhose» a la vez (en esos tiempos se usaban para trabajar). Aprendí a disimular a la vez que trataba enloquecidamente de buscar una solución a mi situación. Ni a los novios que tuve les dije lo que tenía, mentía diciendo que era algo que me salía por el sol, mientras cambiaba de dermatólogo hasta encontrar alguno con quien tener química y que me diera real seguimiento.
En el camino me empezaron a inyectar cortisona, yo realmente no sabía que era, lo bueno era que me «limpiaba» la piel por completo y por meses ¡que maravilla! y así funcionó por algunos años…hasta que tuve una grave reacción, mi cuerpo no soporto esa cortisona y quedé en urgencias, hasta allí llego esta maravilla que por supuesto no lo era tanto.
En próximos artículos seguiré contándoles mi historia con la psoriasis, la ilustración de estas palabras es una foto con mi hijo Daniel, a pesar de todo y que TODOS tenemos algo que es un peso o nos llena de tristeza: la vida es bella.
Continuará…
Querida Cibeles, tu testimonio como paciente con psoriasis nos emociona, compartir tu historia ayudará a muchas personas que piensan que son los únicos que enfrentan esta enfermedad.
Gracias por tu valentía, gracias por la sabiduría de informar lo que contribuye a reducir la discriminación «conocimiento». La psoriasis NO es contagiosa y por esta tu vía se difunde la realidad de la enfermedad más rápidamente.
Te seguimos… esperamos lo que sigue y más.
#AnaTeresadePanamá, Directora Ejecutiva, Fundación Psoriasis de Panamá.